jueves, 20 de mayo de 2010

UNA INTRODUCCIÓN AL GUIÓN

Posible recorrido fílmico para hablar del guión audiovisual

Emprendemos un viaje. Al escribir un guión, al ver una película o al empezar un taller. La analogía del viaje con la escritura de guión no es especialmente ingeniosa ya que fue evocada, entre otros, por Jean-Claude Carrière (co-guionista con Bueñuel) y Pascal Bonitzer (director de La Femis, uno de las escuelas de guión más prestigiosas del mundo) en su libro, The End – Práctica del guión cinematográfico. Sin embargo, es una bella y estimulante metáfora que podemos usar con la idea de trayecto, aventura, de los avatares que surgen, de las ideas que se suceden, de los pesos muertos que deben dejarse, del periplo que podemos explorar…
El objetivo es enumerar una serie de aspectos ligados a la escritura de guiones, ilustrando con filmes para explorar en ideas que no necesariamente se ahondan. Un conjunto de reflexiones espontáneas, que surgen algo arbitrarias y aleatorias, sin ánimo de corrección académica, formuladas en relación con algunos factores intrínsecos a la escritura de un guión, incluidos los comentarios de carácter personal. Se irán incluyendo disquisiciones, tal vez no siempre ligadas a la escritura pero que podrían repercutir en ella de manera tangencial.
En ocasiones, el talento del guionista reside en saber a qué público se dirige, en conocer el mercado y en saber buscar líneas de financiación. Eso y ser capaz de responder a las todas estas expectativas con eficacia y con la mayor originalidad posible. Tal vez, el ingenio radicaría en intuir, anticipar y hasta crear gustos, ideas, un giro nuevo a una historia conocida… En todo caso, nunca EL GUIÓN es la PELÍCULA.

No se profundizará de manera especial en las reglas al estilo “Manual de buen guionista” de los consabidos autores Syd Field, Linda Seger o Robert McKee, - ¡todos norteamericanos!, aunque se tomarán algunas de sus “fórmulas” como disparadores o herramientas de análisis.
A pesar de las tentativas constantes de hacerlo, la escritura de guiones es una disciplina elusiva y difícil de sujetar a reglas. Bien, ¿cómo se cuenta una historia? Más allá de la lógica casi atávica heredada de tiempos remotos, transmitida de boca en boca como los viejos cuentos infantiles y basados las mentadas reglas aristotélicas, una historia – y mucho más contada audiovisualmente – tiene tantas maneras de contar como guionistas. En el caso del cine, no deja de haber constantemente películas que desdicen y contradicen supuestas “reglas ineludibles” de narración. ¿Qué decir sino de “El perro andaluz” de Luis Buñuel o de “Cabeza borradora” y Mulholand Drive (El camino de los sueños) de David Lynch? No tienen anécdota, cronología, relación causa-efecto, incluso carecen de coherencia y narración pero representan una experiencia cautivante.
El viaje incluye la lectura de libros, guiones de diferentes géneros y procedencia que pueden ir desde Ingrid Bergman a Terry Guilliam, Almodóvar, Hitchcock, Allen o Bielinsky, Martel o Aída Bornik. Supongo que o existe escuela que conocer diferentes técnicas y variantes en la escritura de guiones que analizar películas y leer guiones. Y por caso, nutrirnos de filmes argentinos es una manera de estar en sintonía con lo que se piensa y se crea desde nuestro lugar de referencia.
Emprendamos el camino y veamos hacia donde nos va llevando…

Equipo de viaje¿Qué es un guión?

El manual de “buen guionista” respondería “que es una historia contada con imágenes por medio de diálogos y situada en el contexto de una estructura dramática. También podría decir que un guión comienza con un TEMA, una ACCIóN y un PERSONAJE. Pero comencemos mejor por lo QUE NO ES UN GUIÓN.
No es una creación literaria
No es una obra propiamente dicha.
Está escrita por un autor pero no necesariamente por un escritor.
No es una creación literaria
No es determinante que esté bien escrito. Ni siquiera dominar bien el idioma.
Las descripciones deben poseer intensidad visual y eso se logra a través de las palabras pero no se requiere ser un escritor extraordinario
Un guión lleno de torpezas puede ser intenso y auténtico y al revés, un guión virtuoso técnicamente puede ser un plomo carente de interés
Un guión es un híbrido, una obra de transición que guía el proceso de realización de una película.
Un guión nunca está terminado. Culmina cuando el director, actores y demás materializan su trabajo y se plasma en la pantalla.
La existencia del guión es efímera. Nace para convertirse en otra cosa. ¿Puede decirse que lo que está en la película es el guión?
Salvo raras excepciones, la película final será considerada como obra del director. El guionista siempre trabaja en las sombras.
Una vez realizado el film, ¿alguien se acordará del guión?

EJEMPLOS DE PELÍCULAS QUE ESCAPAN A LAS FÓRMULAS
Un film de una escena que dura toda la película como “La soga” de Hitchcock, “El arca rusa” de Sokurov o la mexicana de Carlos Alberto Hermosillo “La tarea”, podría resultar como un pintor que pinta con un solo color pero funciona maravillosamente.
Películas en una sola locación: “El Asadito”, “El cumpleaños”.

LIMITACIONES DEL GUION

Basta un poco de experiencia o sentido común para saber que todo lo que suele pasarle a un guión desde la primera versión hasta su materialización en la pantalla, desde versiones subsiguientes, intervenciones de otros guionistas, modificaciones hechas por el productor y/o director u otros, caprichos personales, criterios comerciales, moda imperantes, restricciones de presupuesto. El guionista debe saber resignarse a ello sabiendo que es escaso o nulo el control sobre el resultado final. Hacer un guión es una obra de la cual debemos aprender a desprendernos, a ver destrozada de acuerdo a cómo la habíamos concebido.

Ejemplificación: Diarios de motocicleta Walter Salles

ALGUNAS IDEAS PARA ESCRIBIR UN GUIÓN

Evitar los lugares comunes, estereotipos y clichés
Sin embargo hay que distinguir entre los que forman parte de los arquetipos que constituyen un fondo de referencia común y los rasgos previsibles de una historia o personaje.
Un recurrente de films de diferentes géneros es cuando un personaje se mira al espejo como una manera de descifrarse a sí misma. El guionista puede tratar de encontrar una idea no tan aludida, (puede buscar verse reflejado en una superficie menos obvia). Aunque puede admitirse que una imagen muy vista tenga resonancias profundas y el cliché sea aceptable. En “El tiempo que queda” de François Ozon, trata de un exitoso fotógrafo de 30 años que se entera de su enfermedad mortal. En la última escena, el protagonista se encuentra frente al mar y con el sol poniéndose en un sereno atardecer, el director nos sugiere su muerte. Sin dudas, no es hallazgo original pero no deja de conmover y de lograr un exquisito final.
En una breve pero recordada escena de “Indiana Jones”, el héroe armado con un revólver se enfrenta con un mastodonte blandiendo un sable oriental. En este caso, en lugar de responder con el código del género de aventura combatiendo cuerpo a cuerpo, le estampa un certero balazo que termina rápidamente con la contienda. Spielberg hace que H. Ford actúe con una lógica implacable que rompe el chiché cinematográfico.

En “Secretos y mentiras” de Mike Liegh, el climax de la película es la reacción la madre blanca cuando la protagonista negra le diga que es la hija que dio en adopción hace 30 años. Pero la escena se resuelve sin reacciones rimbombantes, sin palabras y en un silencio envolvente. Más intenso que si el guión marcara llantos, gritos o arrebatos. Otro ejemplo en el mismo sentido puede verse en la forma que Cristina Banegas en “Geminis” de Albertina Carri, reacciona cuando encuentra en pleno acto sexual a sus dos hijos. El personaje verborrágico que no paró de hablar en toda la obra, en una suerte de licencia cinematográfica para representar el climax, se la ve gritar pero no se la oye, haciendo ese grito mudo, ahogado, más desesperado y desgarrador.

Hablando de gritos, en la película de terror de culto “El regreso de los muertos vivos” se trabaja a partir de buscar una vuelta de tuerca al estereotipo de los alaridos que suelen proferir las protagonistas. Aquí, el personaje femenino cuando entra en estado de shock queda en una especie de trance reducida a un mutismo casi total. Si se lo piensa racionalmente, puede resultar comprensible de acuerdo al hecho traumático que acaba de atravesar pero se aleja del cliché del género. Sin embargo, no lo traiciona. Al contrario, le imprime al personaje una intensidad espeluznante más profunda.

Los hermanos Cohen son especialistas en forzar al máximo los códigos de los géneros que abordan. Ya desde su primera obra, “Simplemente sangre” podemos ver cómo exacerban los chichés y refuerzan los lugares comunes de guión, de realización y de actuación creando una perspectiva sutilmente fuera del mismo lenguaje que están utilizando. Otro ejemplo: “Fargo” donde la policía que atrapa a los despiadados asesinos es una dulce – pero muy eficiente -embarazada.
Cuando los films son de tono más realistas es más difícil zafar de los clichés. En “El Bonaerense” de Pablo Trapero un joven de clase baja, a punto de quedar al borde de la ley, se enrola en la policía. En este caso no era recomendable imprimirle originalidad al personaje porque la lógica de la película casi tiene un carácter documental y su interés no radica en ninguna novedad.

No poner en palabras lo que pueden contar las imágenes. Y viceversa.

Algo redundante muy habitual en algunas películas argentinas, es cuando un personaje dice lo que se está viendo en pantalla. O expresar en palabras lo que puede decirse en imágenes.
En “Los puentes de Madison” de Clint Eastwood, el personaje que interpreta Meryl Strip, una señora de los años 50 en un pueblito yanqui, se siente atraída por un fotógrafo (el mismo Easwood) cuando su esposo e hijos van a pescar un fin de semana. En uno de los momentos culminantes de tensión erótica y de represiones mutuas, lo espía mientras se refresca y se cambia la camisa. Esa escena sintetiza, sin una palabra, el conflicto entre deseo y prohibición del personaje. Otra escena similar en “Testigo en peligro” cuando Ford ve inopinadamente a la mujer que está custodiando, casi desnuda. Ella lo descubre pero en lugar de cubrirse, se revela ante él. Sentimos la batalla interior del personaje que no quiere sucumbir ante la mujer que ama pero que debe proteger.

Un personaje nunca debe contar cómo es, cómo se siente o a qué se dedica: lo muestra.
En el comienzo de “La Tregua” de Sergio Renán, nadie tiene que decirnos la angustia y soledad que siente el personaje que interpreta Héctor Alterio. El recorrido por esas calles vacías, la compra del diario y el sonido de un partido de fondo configuran el ritual sórdido de un día domingo.
Y qué decir del carácter entre ficcional y documental de las historias de los hermanos Dardenne. A penas existe el diálogo y el espectador debe reponer la información para entender los motivos de los personajes. Algunas acciones quizá no buscan una explicación lineal, como en Rosseta a cuyos dolores de vientre no le encontramos necesariamente relación causa-efecto. En “Los secretos de Lorna” es complicado entender los vínculos entre los personajes. El film se toma su tiempo para que armemos el rompecabezas de relaciones.

Privilegiar lo sobreentendido a lo explícitoLo sobreentendido crea un espacio más amplio e interesante de interpretación. Su lectura requiere vuelo e imaginación. Aquello explícito estrecha horizontes, encierra significados, aplasta el sentido. En cambio lo sugerido, puede ser sutil e interesante y puede ser logrado a través de una mirada como de un movimiento de cámara.
Un diálogo también puede contener un subtexto sobre lo no dicho.

Por ejemplo en “Dos extraños amantes” hay un ejemplo maravilloso de esta situación.

ALVY
(señala con un gesto las fotos de la pared)
Son... son... son estupendas, sabes. Tienen... tienen, aah... algo... algo especial.
Subtítulo: Eres una chica muy atractiva.


ANNIE
... Me... me... me gustaría inscribirme en algún curso serio de fotografía dentro de poco.
Subtítulo: Seguramente piensa que soy una tarada.
ALVY
La fotografía es interesante, porque, sabes, es... es una forma de arte nueva, y aah... eeh... todavía no se ha establecido un conjunto de criterios estéticos.
Subtítulo: ¿Me pregunto qué tal estará desnuda?
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Ejercicio
Escriba su idea en tres frases concentrándose en la acción y el personaje. Decidir quién es el protagonista no es tan difícil, más complicado es definir la línea de acción. Puede realizar asociaciones libres sobre la línea argumental en términos de la acción. No sea concreto; evite los detalles. Generalizar cuanto sea posible.
Reduzca luego la idea a unos cuantos párrafos. Luego reduzca estos a unas cuantas frases. Léalas en voz alta. Retóquelas un poco más. Hágalo hasta que tenga perfectamente claro su tema y pueda expresarlo con claridad y concisión en tres o cuatro frases.
Este es el primer paso en el proceso de escribir un guión.

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